Imagen: cedida por Grup Balañà
Texto: Manu Núñez
Ayer, se estrenó en el teatro Tívoli de Barcelona Nacidos Para Bailar, el último espectáculo de Los Vivancos. Mientras disfrutaba de la función intentando no parpadear para no perderme ni un detalle de todas las cosas que ocurren en el escenario simultáneamente, decidí que el título que le han puesto a este show se les queda corto. Porque Los Vivancos han nacido para emocionar. Y es que, desde que hacen su aparición por el pasillo central del teatro al son de la canción de los siete enanitos, agitan las emociones de todo el público.
Se les ha llamado “Siete Milagros de la Genética” y, personalmente, creo que es la descripción más acertada que se puede hacer de Los Vivancos. Como ellos mismos nos dijeron en la rueda de prensa previa al estreno: “En la vida no existe lo que se puede o no se puede hacer. Existe lo que se hace.” Y lo que ellos hacen traspasa la barrera de lo imaginable para cualquier ser humano. Nada es imposible para estos siete hermanos que llevan el arte en los genes.
Nacidos para bailar es la tercera entrega de la trilogía que iniciaron con 7 hermanos (que simbolizaba el cuerpo) y continuaron con Aeternum (la representación del alma) y supone la combinación de los dos conceptos: cuerpo y alma, profano y sagrado.
Parecía imposible superar el nivel de riesgo, imaginación y espectacularidad de Aeternum, pero en Nacidos Para Bailar lo han conseguido. Durante 90 minutos, comparten con el público su esencia vital: "la espectacularidad como fin y como camino, la necesidad de dar siempre lo máximo." En cada número, piensas que no van a poder impactarte más pero, en el siguiente te vuelven a sobrecoger haciéndote vivir un incesante más difícil todavía hasta la explosión del número final en el que ya no nos pudimos quedar sentados en las butacas. Hasta tres veces tuvieron que repetir el final entre "Bravos", piropos y aplausos.
A lo largo de las casi dos horas de vibrante emoción cuentan con la entrega absoluta de los asistentes que reaccionan ante cada una de sus proezas y es que ellos tienen muy claro que Los Vivancos son 8: Siete artistas y el público. Por ello, siempre son tan cercanos con los espectadores, mezclándose entre ellos durante y después de la función.
Es difícil transmitir lo que supone el universo de sensaciones que se experimenta presenciando este espectáculo. Hay que verlos y oírlos zapatear al ritmo de Michael Jackson, Metálica, Deep Purple, Leonard Cohen y canciones populares. Hay que oírlos tocar. Hay que seguir sus precisas coreografías. Hay que sufrir por su integridad física a cada momento. Hay que vivirlo.
Hasta el 3 de julio de 2016 en Teatro Tívoli de Barcelona
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Ficha Técnica
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