Conversaciones con Daniel Pérez y Felipe Araujo (Egue y Seta)

Egue y Seta retrato
Desde que Daniel Pérez y Felipe Araujo fundaron Egue y Seta, no han parado de llevar a cabo proyectos tan singulares como su propio estilo. Precisamente de su estilo y sus proyectos hablamos con ellos en la entrevista que hemos publicado en el blog de Villeroy & Boch. ¡Entra a leerla!

Por Isabel Núñez y Manu Núñez

Fotos: Vicugo Studio. Imágenes cedidas por Egue y Seta.

Egue y Seta retrato

 

En Nextic, seguimos conversando con ellos sobre las tendencias en decoración y el cambio de vida que ha supuesto la COVID-19. No te pierdas las reflexiones más personales de Daniel y Felipe… ¡y su sentido del humor!

¿Qué arquitecto, interiorista o artista admiráis?

A muchos y mucho. No sé si es ilustrativo comentar que una de nuestras compañeras interioristas en “la ofi” lleva unos jarrones de Hayon tatuados en el antebrazo. Sí, así de fan. Se suele decir, sin embargo, que en esta profesión somos más bien tacaños a la hora de reconocer influencias y que -puestos en la tesitura- recurrimos a diseñadores muertos, de países lejanos u obviedades consagradas con tal de no ceder ni un poquillo de la atención o de no compartir los pocos minutos de fama con la competencia directa. No quisiéramos caer en eso y, por lo tanto, decimos con mucho gusto que admiramos a los colegas de Lagranja, de The Room Studio, del estudio de Lázaro Rosa-Violán, de Somos Nido, de PPT, de Francesc Rifé, de Ilmio Design, y un larguísimo etc. Seguimos con mucho interés, respeto y asiduidad el trabajo de todos ellos.

¿Cuál ha sido el proyecto más complicado que habéis realizado y por qué?

Todos entrañan sus retos específicos y estos pueden ser programáticos (confluencia de funciones antagónicas), otros de dimensión (espacios reducidos), otros de naturaleza normativa y otros vinculados a restricciones presupuestarias.  Hemos tenido encargos que han combinado todos los anteriores. A saber, alguna alma de cántaro que lo ha querido absolutamente todo en un espacio pequeño, que no cumplía con la regulación y a un bajo coste… y, en estos casos, lo más complicado ha sido entonces hacerle entender al cliente en cuestión que en lo de “proyectar milagros”, aún estamos (desafortunadamente) un poco “verdes”.  Quizás, siendo muy honestos, tendríamos que admitir que el proyecto más complicado fue aquel que no logramos llevar a buen puerto, o el que no vio la luz, pero también aquel en el que todo se torció y salió muy mal. En general, suelen ser los proyectos de los que más aprendemos, aunque “quererlos” y recordarlos aún nos cueste.

¿Qué proyecto os gustaría llevar a cabo?

Todos los que no hemos hecho. Siempre lo decimos. Aunque a priori no suene bien. Nos gustaría hacer un templo multi-credo, un kebab de autor, un todo a mil, una clínica de reproducción no-asistida (o de fertilidad sexual P2P), un crucero geriátrico estacionario… ¡y pare de contar! Para todo eso, claro, nos tenemos que vacunar.

¿Podéis destacar una pieza (mueble u objeto) fetiche?

Los zócalos. Altos o no tanto. Más o menos complejos y a juego con las paredes, el suelo o ninguno, nos parece que son “los tacones” del interiorismo. Son enteramente prescindibles, pero -como se dice de los zapatos altos- creemos que estilizan o aportan elegancia al conjunto como pocos otros elementos.

¿Tenéis alguna paleta de colores favorita?

Varias… ¿Por qué habríamos de quedarnos con un único color cuando todos están ahí, precisamente, para que los empleemos y conjuguemos con creatividad? No somos ajenos o impermeables a las tendencias y ¿para qué negar que ese azul profundo y líquido que se ha puesto de moda a nosotros también nos gusta, especialmente cuando lo combinamos con un ocre pálido o topo subido o un tono teja? La dupla seleccionada por Pantone de este año, en cambio, nos dejó un poco fríos. Parece que aún no nos acaba de convencer.

¿Qué tendencia destacaríais en la actualidad?

El “zoom-proofing” o el hacer algo “zoom-friendly”. Así hemos visto que llaman los muy guays a lo que vendría a ser nada más y nada menos que “tunear” aquel rinconcito fotogénico de casa para que encuadre, de la mejor manera posible, nuestros caretos en eterno streaming. Suena a cosa de modernos, pero no está mal pensado. Bien visto es el equivalente a presentarse mínimamente arreglado y bien vestido, cuando la reunión física o personal es del todo imposible. Rápidamente se ha convertido casi en cuestión de etiqueta o protocolo mínimo de videoconferencia y -con mayor o menor asesoramiento- deberíamos revisar la manera en cómo nos estamos presentando en estas ocasiones si queremos que nuestra imagen (corporativa) se mantenga vigente y en sintonía con nuestro tiempo.  Las paredes de fondo enteramente blancas como que ya no cuelan, pero los altares familiares, en el otro extremo, como que tampoco. Son distractores y demasiado concurridos. Parece claro que debemos incluir toques de color y textura y permitir cierta distancia o profundidad de campo, al menos lo suficiente como para que la gente, al otro lado del mundo, no sea capaz de ver nuestros molares. Los avezados nos dicen también que debemos permitir también algún(os) objeto(s) distintivamente personales, pero, sobre todo, que miremos de sacar del encuadre todo lo excesivamente íntimo o doméstico (es que se ha visto cada cosa…). La luz natural (y suficiente) es tan crucial como el mostrarnos debidamente vestidos y aseados (al menos de la cintura para arriba) y el sonido, más allá de los cascos y el micro, es también tremendamente importante. Quizás se deba mejorar el aislamiento acústico de la zona (especialmente si los peques son ruidosos o muy musicales) o introducir algunos elementos fono - absorbentes para eliminar la reverberación o las interferencias. Resulta obvio que el susodicho zoom-proofing va más allá de lo que atañe estrictamente al diseño interior, y algunos han llegado a sugerir que combinemos camisa con papel pintado y tono del labial con el jarrón. Todo apunta a que una nueva ciencia-híbrida ha nacido. Todo un nuevo nicho para el coaching traído por el bicho innombrable. El tiempo lo dirá. No estamos seguros de nada, solo de que mientras convertíamos nuestras casas en templos higiénicos de reclusión e intimidad, con el zoom y la tontería, las hemos hecho también, parcialmente públicas y… eso hay que mirarlo.

¿La experiencia del confinamiento va a cambiar el diseño de las viviendas? Si es así, ¿en qué sentido?

Hemos visto por ahí que el trend del “Broken-plan” viene con todo y, aunque se traduce literalmente como “planes-rotos”, que también, lo que viene a significar no es más que una vuelta de tuerca sobre la distribución “open-plan” (o diáfana de toda la vida). Viene a decir que las particiones versátiles, parciales, blandas o móviles vuelven a suscitar interés, sobre todo cuando toca segregar algunas zonas críticas dentro de las extrovertidas y democráticas casas integradas que hace años nos parecía “cool” llamar tipo loft. ¿Sorprendente? Más bien poco. Ahora nos parece bastante obvio que las mieles del tiempo en familia, la conciliación de la vida laboral y la otra, la paternidad intensiva y el mummy-time, necesitan también sus límites de tiempo y de espacio. Que todos los miembros de la familia merecemos ese rinconcito propio para escapar, concentrarnos, trabajar o aburrir de soledad a nuestras preocupaciones y no creemos que haya una tendencia más vinculada al confinamiento o la pandemia que ésta.

¿En qué os fijáis cuando entráis en una casa por primera vez?

¿Entrar en casa de alguien? ¡Qué cosas decís! Es ya no se lleva… Ahora solo entramos a las casas de nuestros clientes por trabajo y, honestamente, lo que más nos ha impresionado en las últimas oportunidades, es la cantidad de zapatos que pueden tener los niños. ¿Se tienen que tener TODOS en la entrada? Pasado el shock inicial, en cualquier caso, suponemos que en cada casa hay cosas que llaman más la atención que en otras y eso va muy a tono con la personalidad del dueño o del visitante.

Y, por último, ¿en qué estáis trabajando ahora?

Tenemos sobre la mesa (o en nuestras pantallas) tres casas de esas que tienen muchas cocinas, más sofás que puertas o con una proporción de 3 salones por habitante. Luego tenemos cuatro nano-pisos de sastre, abatibles, correderos y escamoteables, con mega terrazas, mini baños y vistas; y, por el medio, otro grupo de casas de tamaño y presupuesto menos extravagantes.

Por último (aunque no menos importante) ¡pronto podremos recibiros en nuestra oficina recién reformada! Y esto, por aquello de la materialidad de las cucharas en la casa del herrero, la verdad, es que nos tiene muy contentos. 

¡Hasta pronto!

 

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