Entrar en el Bardot es como llegar a casa. Te sientes a gusto a cualquier hora y situación. Para conseguir esta sensación se ha creado un espacio acogedor y, al mismo, tiempo flexible y versátil, realizado por el estudio de Lázaro Rosa-Violán, que ha sacado el máximo rendimiento a un local muy particular. Se han creado varios ambientes.
Al entrar, una barra muy larga protagoniza un ambiente de taberna con un botellero de grandes dimensiones que acoge gran cantidad de referencias de vino. En paredes y barra se ha utilizado madera de recuperación y en el suelo se ha colocado mosaico hidráulico. Para dar la sensación visual de amplitud en esta zona se han incorporado espejos, que también se repiten en el techo del salón.
El salón se ha concebido como una zona íntima y cálida, por lo que se ha instalado pavimento de madera y una chimenea como elemento central. Para reforzar la idea de calidez, los bancos están tapizados con alfombras kilim y las sillas en piel. Las paredes presentan un acabado a base de lienzo roto que le da una apariencia de pergamino. En la tercera zona, destaca un banco continuo; frente a él, unas alacenas con producto a la vista recrean la atmósfera de un colmado.
Rodrigo Varela dirige en la cocina un equipo que mezcla experiencias e influencias, con Nacho Ventimilla y Xavier Luque a los fogones. El resultado es la recuperación de platos tradicionales y la reinterpretación de clásicos. La carta es una mera referencia. El Bardot recupera la vieja tradición de cantar los platos del día.








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