La lámpara de toda la vida, para estudiar, para leer, la diseñó en 1979 Lluís Porqueras y la bautizó con el nombre de Funiculí. Su autor explica cómo nace el diseño y su nombre: “Era un objeto redondo, con una pantalla muy simple que cubría la típica bombilla de Edison. Se me ocurrió liberar esta pantalla y darle más prestaciones y movilidad. Le añadí una tija curvada y unas pinzas para permitir el movimiento de sube y baja. De ahí es de donde sale el nombre de Funiculí, de la acción funicular de subir y bajar, como el funicular del Tibidabo o Montjuic de Barcelona”.

Treinta años después, Funiculí sigue siendo muy actual, tanto en sus formas puristas como en sus prestaciones. Por ello, Marset ha decidido reeditarla. Está disponible en negro, blanco, beige y gris musgo. La rotación de 360º de la pantalla permite dirigir el haz de luz hacia donde convenga. Más práctica y más simple, imposible.
Marset
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