El estudio Sandra Tarruella Interioristas firma el interiorismo gastro y el lobby del icónico hotel de 5* gran lujo Ibiza Gran Hotel.
Texto: Nextic. Fotos: Salva López
Después de la reforma de la Gran Suite Dalt Vila y del Open Spa, el emblemático alojamiento de lujo ha confiado nuevamente en el estudio de diseño barcelonés para la renovación del restaurante gastronómico La Gaia -del laureado chef Óscar Molina- así como para el diseño de su nuevo bar Musa y del Gran Lobby. El equipo de Sandra Tarruella Interioristas ha enfocado esta nueva fase del proyecto desde la búsqueda de las raíces de la isla, con una mezcla de varios elementos, para conseguir el equilibrio entre la arquitectura tradicional y el punto cosmopolita que encaja en un edificio de clara estética urbana. Además, han depurado las diferentes capas que se habían ido añadiendo a lo largo de los años para mantener y rescatar algunos elementos y materiales que les han permitido conservar la esencia del hotel, conciliándola con la nueva imagen. En un hotel de ciudad que tiene Dalt Vila como telón de fondo, para el equipo de diseño era importante la fusión con los colores, tonalidades y materialidad de este entorno.
El restaurante La Gaia by Óscar Molina
El primero de los espacios a diseñar ha sido el restaurante La Gaia by Óscar Molina, una propuesta gastronómica de alto nivel, galardonada con una estrella Michelin y dos Soles Repsol.
Se trata de una cocina creativa y moderna inspirada en la tradición ibicenca, con productos locales, mediterráneos, con una aportación personal sofisticada y honesta. Teniendo en cuenta que trabajaban para uno de los mejores chefs de España, el cometido de Sandra Tarruella Interioristas ha sido hacer un restaurante a su medida, plasmando de forma matérica lo que se quiere ofrecer al cliente.
El equipo del estudio se ha inspirado en la arquitectura tradicional ibicenca con sus muros gruesos, sus porches abovedados y sus arcos de medio punto tan presentes en las construcciones de la isla y han utilizado materiales naturales y del entorno apostando a su vez por paredes blancas para reflejar la luz del sol y transmitir pureza y calma.
La propuesta de La Gaia es alta cocina presentada a través de una experiencia que abarca todos los sentidos, donde los comensales realizan un viaje culinario por diferentes etapas distribuidas en el restaurante. El recorrido comienza con una bienvenida donde se degustan unos entrantes, un segundo punto de degustación en la barra frente a la cocina vista, donde se cuenta con la presencia del Chef para saludar a los comensales, y, finalmente, culmina la experiencia en una de las mesas.
El proyecto de interiorismo ha traducido estos puntos experienciales en un espacio dinámico, donde los gruesos muros con grandes arcos de revoco de cal separan la sala y crean rincones con encanto que dan privacidad a las mesas. Siguiendo el recorrido propuesto por el chef para la degustación de su menú, en el centro del local, justo en frente de la entrada, se ha colocado una barra con formas orgánicas y con revestimiento continuo, unas formas acordes con su ubicación en la sala, donde el cliente puede degustar los primeros entrantes.
En uno de los laterales, frente a la cocina vista se sitúan dos barras, con una forma más contundente, en consonancia con los módulos de cocción, y revestidas en piedra natural, que sirven a la vez como punto dos del recorrido de los clientes, así como el pase de platos hacia las mesas. Además, como telón de fondo para estas cocinas vistas, se decidió recuperar una de las instalaciones artísticas que había en el antiguo local del restaurante, las medusas de la artista danesa Katrin Kirk. En el lado opuesto a la cocina, uno de los arcos permite separar la zona del reservado, presidido por una gran mesa escultórica de madera con una gran lámpara colgante.
El bar Musa
Al lado de La Gaia se encuentra el nuevo bar del Ibiza Gran Hotel, el bar Musa, en el que se puede disfrutar de una cena informal y unas copas.
Para este espacio, el equipo de Sandra Tarruella Interioristas ha recuperado una instalación artística de fotos que anteriormente estaban en la zona de acceso a La Gaia. Son de Tony Keeler (fotógrafo americano que residió en Ibiza en los años 70) y tienen un gran valor ya que captan la esencia de una época significativa de la isla con imágenes de hippies y campesinos conviviendo en feliz armonía, como reflejo del encuentro intercultural y la transformación social.
A partir de estas fotos, los interioristas han diseñado la estética general del bar Musa, con formas orgánicas en techos y mobiliario y una gama cromática y materiales que evocan la Ibiza de esa época. Como contraste, la barra introduce un punto elegante y sofisticado en consonancia con el concepto de un hotel de lujo.
Dos grandes bancos corridos de obra con formas redondeadas zonifican el espacio sin crear una barrera visual. Las colchonetas en colores neutros y los cojines con estampados étnicos recuerdan la estética de la Ibiza de las fotos. Las zonas de reunión se completan con butacas de cuero en dos tonos y mesas de altura intermedia para crear un ambiente distendido.
En el pavimento se han compuesto dos grandes alfombras con pequeñas teselas de tres tipos de piedras naturales que también zonifican y dan un toque de color al espacio, sin recargarlo.
El Gran Lobby
Tanto el restaurante La Gaia como el bar Musa están situados junto al lobby del hotel, separados de éste a través de una gran celosía metálica que permite entrever lo que sucede dentro de los espacios, pero manteniendo la privacidad de los comensales. Esta gran celosía cubre todo un lateral de la planta baja y hace de hilo conductor en el Gran Lobby, un espacio impresionante a cinco alturas que es el centro neurálgico del hotel ya que los pasillos de las habitaciones tienen vistas a él.
Con la intervención realizada, se ha ordenado el espacio agrupando los elementos para dar protagonismo al centro. Se han desvestido las paredes de alrededor (como la gran pared de piedra natural) para conseguir una proporción más adecuada para esta área; también se han limpiado las grandes columnas para potenciar la verticalidad y se han dejado desnudas para subrayar su importancia estructural. Este gran espacio se ha convertido en un jardín invernadero muy agradable para disfrutar y socializar en las diferentes zonas de reunión, con una amable luz tamizada que contrasta con la intensa luminosidad del exterior.
En el punto central del lobby, frente a la recepción, destaca una gran escultura del artista mallorquín Joan Costa. Separando este espacio de los ambientes de estar, se han incorporado unas instalaciones de arte vegetal, con unos grandes árboles, realizadas por Flowers by Bornay, que aportan un punto fresco.
En la zona de los ascensores, interpretada como un elemento de tránsito entre el mundo interior y el exterior, se ha creado una caja de luz, realizada con planchas de pergamino retroiluminadas y listones de madera de roble natural.
Se ha optado por colores claros, limpios y refrescantes, eliminando los elementos oscuros como el wengué y el granito negro; unas nuevas tonalidades más adecuadas a la época del año en la que el hotel está abierto. Los pavimentos que encajan con la nueva paleta cromática se han mantenido.
En la zona de la recepción y conserjería también se han utilizado revestimientos de fibras naturales (que evocan los materiales de las alpargatas y sombreros campesinos ibicencos) y que, junto con la madera de roble y las piedras naturales del pavimento (materiales propios de la isla) aportan calidad, memoria histórica y calidez.
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